En la actualidad se habla mucho de liderazgo, gestión de equipos, trabajo en equipo… si buscas empleo pedirán que tengas habilidades sociales relacionadas con estos temas, si buscamos formación, están dentro de los “top10” temas relacionados con dirección o gestión de equipos, desarrollo de habilidades de grupo, cohesión grupal, …. Y en muchos ámbitos es habitual actividades para fomentar el trabajo en equipo, la colaboración y la comunicación, también la realización de formaciones mediante “coaching”.

Pero cuando se forma un equipo, ya sea de trabajo o de ocio, uno de los primeros pasos es decidir el tipo de equipo que se crea. Puede que no lo hagamos de forma intencionada ni analizando los tipos de equipo, pero se establecerá si existe un organigrama vertical u horizontal, si existe un responsable nombrado o no, si todos los miembros tienen voz y voto, y unas políticas internas del grupo, que pueden no estar escritas y que no se hayan numerado, pero marcaran la forma de trabajo.

Si se busca un equipo de trabajo tradicional, se nombra un jefe o responsable, y los demás lo aceptan, mientras que, si se forma un equipo de alto rendimiento, estaremos en la situación opuesta, todos tienen la misma categoría jerárquica, y el líder que dirige al equipo sale de forma innata, pudiendo ser una persona diferente en cada proyecto o en cada etapa de un mismo trabajo. El punto intermedio es cuando el líder se elige de manera democrática, de forma que existe un responsable que es nombrado por el equipo.

Debido a esta situación, podemos clasificar a los responsables de equipos en dos categorías:

  • Nombrados: vienen impuestos y el equipo los ha de aceptar, lo que hace no siempre sean líderes, ya que el líder es aceptado y seguido de manera voluntaria. En este grupo nos encontramos mayormente a jefes, que dan las ordenes o indicaciones, y el equipo les sigue por su puesto jerárquico.
  • Innatos: son lo que, por sus conocimientos, su carácter o sus habilidades, destaca durante la realización de un trabajo, y todo el equipo lo sigue de manera voluntaria para conseguir alcanzar los objetivos. Normalmente este tipo de liderazgo motiva y anima a todos los miembros de su equipo, y aunque puede darse en ocasiones un rol “inquisitivo” o “dictador”, no suele ser habitual, ya que es el equipo el que decide, y al no ser un puesto formal, el líder puede cambiar en cualquier punto del proyecto.

Tipos de líder

Existen varios tipos de líder, pero el que considero, desde mi experiencia que mejor puede conseguir los objetivos del equipo, es aquel que se apoya de personas con habilidades y conocimientos en los que falla o tiene debilidades, y escucha a estas personas, valora su opinión y la tiene en cuenta para sus decisiones. También tiene un liderazgo variable, según la situación es un líder autoritario o democrático, sabe cuando delegar y cuando imponerse, premia por los logros, aunque sean pequeños, y reparte responsabilidades entre todos.

Este tipo de líder es innato, y es posible que en el equipo exista un responsable nombrado que no se corresponda con el líder, y no es malo, pero el responsable nombrado a de saber apoyarse en el líder, comunicarse y dialogar con él, ya que como jefe nombrado tiene el poder pero el equipo seguirá de manera voluntaria al líder, por lo que caminar los dos de la mano y en la misma dirección es importante para poder obtener buenos resultados y mantener un buen ambiente de trabajo.

Los tipos de lideres los trataremos en otra entrada, pero sí es importante que el líder siga un plan estratégico para una aumentar la productividad, mantener un buen ambiente de trabajo, que tenga en cuenta la seguridad y salud de los trabajadores, incluyendo la mental, y además, que mantenga el equipo unido y trabaje sus habilidades de líder.

Herramientas del líder

Independientemente del tipo de liderazgo y cómo se haya elegido al líder, para el buen desempeño del equipo, es necesario seguir un plan estratégico. Y aquí daré algunos puntos que creo que son importantes:

  • Gestión del tiempo para cada tarea (evitar estrés, retrasos, optimizar la productividad)
  • Gestión del trabajo (control de la situación actual, planificación del trabajo, visualización de problemas y cuellos de botella…)
  • Empleo de objetivos e indicadores
  • Buena comunicación interna, efectiva y sin trabas (tan malo es la inexistencia como el exceso, ya que en ambos casos se perderá información)
  • Disposición de recursos humanos y materiales adecuados a las tareas
  • Formación de los trabajadores sobre los métodos, procedimientos, equipos, herramientas…